30 de marzo de 2008

...y vuela mi imaginación.


Cada martes a las 19:00h, cuando cojo el autobús para que me lleve de nuevo a mi tranquilo pueblo alejándome una vez más de la ajetreada ciudad, paso por una calle muy transitada tanto de cohes como de personas. Paso millones de veces por esa calle y siempre me había parecido igual a todas las demás. No tenía nada de extraordinario, era simplemente una calle más, con sus cafeterias, sus restaurantes, sus bancos, sus tiendas, sus garajes, sus pisos, coches y más coches circulando, gente caminando deprisa o despacio pero sin detenerse a observar a su alrededor, todos sumergidos en sus preocupaciones.
Me gusta ir en bus o en coche mientras escucho mi música. Me gusta observar la gente, sus movimientos, sus gestos...Me gusta mirar hacia arriba, ver la fachada de los edificios, sus ventanas, sus balcones...Me gusta descubrir pequeños detalles que no todo el mundo consigue ver si no se detiene y observa bien.
Un día, en esa calle, vi un edificio que me llamaba la atención por su bonita fachada. Tenia grandes ventanales en el centro del edificio en cada uno de los pisos. Me llamo la atención el primer piso. Debían ser las 19.30 pasadas pero aún no había anochecido del todo, aunque tampoco había mucha claridad. Las luces de las farolas de la calle ya estaban encendidas y los coches también llevaban las suyas encendidas. En el ventanal del primer piso también había una pequeña luz encendida. Venia de una lámparita encima de una mesa no muy grande pegada al cristal de la ventana. Había una ancinita con gafas. Escribiendo. No sé si lo hacia a mano o con máquina de escribir. El resto de la habitación estaba a oscuras. Sólo se veía (a la perfección) esa luz que dejaba ver a la anciana apoyada sobre la mesa escribiendo. Esta escena me dejo la mente abierta y durante todo el trayecto hasta mi destino no dejaba de imaginarme qué estaría escribiendo esa mujer y para qué o para quién devía escribir.
Y entonces vuela mi imaginación...quizá esta escribiendo simplemente la lista de la compra de mañana...o tal vez esta escribiendo una carta a su hija que vive en Canadá y le dice lo mucho que la hecha de menos y que le encantaría ver a su nietecito pronto porque seguro que ya esta muy muy grande...o a lo mejor esta escribiendo a su hijo que se fue hace unos años a la guerra de Irak y está preocupada por él y por cómo van las cosas ahí....o más bonito sería que estuviera leyendo las cartas que su marido (ahora difunto) le escribia cuando eran novios diciéndole lo mucho que la quería y que era el amor de su vida y que ahora ella lee con tristeza porque él ya no se lo podrá decir ni escribir más...o solamente estaba escribiendo una nota para la comunidad de vecinos avisando de que hay goteras o que la próxima reunión de vecinos será a las 20:00h y no a las 21:00h como estaba previsto.
El caso es que cada vez que paso por esa calle está ahí, la ancianita con sus gafas, apoyada en la mesa escribiendo con esa luz de la lámparita...y vuela, otra vez, mi imaginación.

7 de marzo de 2008

Un granito de arena


A menudo veo en la cara de la gente decepción y no puedo más que sentirme culpable por esas racciones.
Sé que he decepcionado y defraudado a mucha gente que confiaban en mi. Este error lo he cometido no sólo una vez, sino dos. Sí. Ya van dos veces, pensarán muchos y ahora es normal que no me vean capaz, que no confien en mi, y que no me presten atención en esos asuntos.
He empezado tantas veces como he dejado sin terminar tantas otras.
Supongo que me merezco esa desconfianza y esa poca credibilidad...
Pero si ellos pudieran entenderme...si pudieran estar por un instante en mi piel, en mi mente y en mi corazón se darían cuenta de lo que pienso y de lo que siento, y, es entonces, cuando entenderían mi postura, mi situación y mi reacción.

Me empequeñezco rápidamente hasta convertirme en el tamaño de un granito de arena.
Ahí estoy yo, con la cabeza en alto, gritando y pidiendo ayuda, un voto de confianza, y rodeada de gigantes (las personas de mi círculo) que caminan rápidamente sin pensar, sin detenerse a escuchar, a mirar a su alrededor, sin mirar dónde pisan, sin ver que yo estoy ahí, como ese grantio de arena que pide a voces que se pare el mundo para bajarse de él.

Es curioso como los "desconocidos" pueden comprender y escuchar más tus necesidades, sentimientos, pensamientos e inquietudes, etc... que tus "conocidos".

-...cómo terminará?
- Me gustaría, por una vez en mi vida, un final feliz...